Encarnación

De Jesus de Nazaret
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Christ en majesté, de Matthias Grünewald (siglo XVI). Cristo como hombre y como Dios.

La doctrina de la Encarnación de Cristo es la creencia de que la segunda persona de la Divinidad Cristiana, también conocida como el Hijo o el Logos (la Palabra), "se hizo carne" cuando fue concebido milagrosamente en el vientre de la Virgen María. En la Encarnación, la naturaleza divina del Hijo fue unida de forma perfecta con la naturaleza humana en la persona de Jesucristo, que era "Dios verdadero y hombre verdadero" (Credo de Caldedonia). La Encarnación se conmemora y celebra cada año en la Fiesta de la Encarnación, también conocida como Anunciación.

Esta doctrina es fundamental para la fe cristiana tradicional, como así sucede en la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y la mayoría de los Protestantes.

Importancia de la doctrina

Entre los primeros cristianos hubo un desacuerdo considerable al respecto de la encarnación de Cristo. Los cristianos creían que era el Hijo de Dios. Sin embargo, se discutía la naturaleza exacta de lo que significa ser "hijo".

La doctrina de que Cristo era plenamente Dios y plenamente Hombre a la vez creció y se convirtió en la creencia dominante de la Iglesia Católica, mientras que todas las creencias alternativas fueron etiquetadas como herejías. Las más conocidas de estas alternativas son: el Gnosticismo, que afirma que Jesús era un ser divino que tomó apariencia humana pero que no era de carne; el Arianismo, que sostiene que Cristo fue un ser creado, similar en concepto a un ángel; y el Nestorianismo, que mantiene que el Hijo de Dios, y el hombre, Jesús, compartían el mismo cuerpo pero eran dos personalidades diferentes.

Las definiciones finales de la encarnación y naturaleza de Jesús se dieron en el Concilio de Éfeso, el Concilio de Calcedonia y el Primer Concilio de Nicea. Estos concilios declararon que Jesús era plenamente Dios, creado del Padre; y plenamente hombre, tomando su carne y naturaleza humana de la Virgen María. Estas dos naturalezas, humana y divina, fueron hipostáticamente unidas en la persona de Jesucristo.

Encarnación fortuita y necesaria

La relación entre la Encarnación y la Expiación dentro del pensamiento teológico es compleja. Dentro de los modelos tradicionales de Expiación, tales como la Sustitución, la Satisfacción o Christus Victor, es esencial que Cristo sea Divino para que nuestros pecados sean perdonados. Jurgen Moltmann, en su obra "La Trinidad y el Reino de Dios", diferencia entre lo que él llama una Encarnación "fortuita" y "necesaria". Sería necesaria para darle un énfasis soteriológico, que el Hijo de Dios sea encarnado para que pueda salvarnos de nuestros pecados. Sería fortuita como una realización del amor de Dios, y su deseo de estar presente y vivo entre nosotros. Moltmann se decanta por una encarnación "fortuita", principalmente porque hablar de una encarnación solo por necesidad sería hacer una injusticia a la vida de Cristo.

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