Arresto, juicio y muerte

De Jesus de Nazaret

Ecce Homo (¡He aquí el hombre!), de Antonio Ciseri, Siglo XIX. Poncio Pilatos presenta a Jesús de Nazaret a la multitud. Un motivo muy popular en el arte cristiano.
Ecce Homo (¡He aquí el hombre!), de Antonio Ciseri, Siglo XIX. Poncio Pilatos presenta a Jesús de Nazaret a la multitud. Un motivo muy popular en el arte cristiano.
Vida y enseñanzas de Jesús

En el relato de los Evangelios sinópticos, Jesús fue con sus seguidores a Jerusalén durante la fiesta de Pascua y una gran multitud se reunió con ellos al grito de "¡Hosanna! Bendito sea el que viene en nombre del Señor. ¡Bendito sea el Rey de Israel!".[1] Después de su entrada triunfal,[2] Jesús provocó un altercado en el Templo de Herodes tirando las mesas de los cambistas que tenían allí sus tiendas, y acusándoles de haber convertido el templo en una "cueva de ladrones" (Marcos 11:17). Más tarde, en esa semana, Jesús celebró la comida de Pascua con sus discípulos —un evento conocido posteriormente como la Última Cena— en la cual profetizó que sería traicionado por uno de sus discípulos y sería ejecutado. En este ritual, Jesús cogió pan y vino, diciendo: "este es mi cuerpo, que he dado por vosotros" y "esta copa es la sangre de la Nueva Alianza que he derramado por vosotros", y les dio instrucciones a los discípulos para que hicieran aquello en conmemoración suya (Lucas 22:7-20). Después de la cena, Jesús y sus discípulos fueron a rezar al Jardín de Getsemaní.

Mientras estaba en el Jardín, Jesús fue arrestado por los guardias del templo a las órdenes del Sanedrín y el sumo sacerdote, Caifás (Lucas 22:47-52, Mateo 26:47-56). El arresto tuvo lugar clandestinamente, de noche, para evitar una revuelta, ya que Jesús era muy popular entre la gente (Marcos 14:2). Judas Iscariote, uno de sus apóstoles, traicionó a Jesús identificándolo ante los guardias con un beso. Simón Pedro, otro de los apóstoles de Jesús, usó una espada para atacar a uno de los captores de Jesús, cortándole la oreja, la cual, según Lucas, Jesús sanó enseguida de forma milagrosa.[3] Jesús advirtió a los apostóles de que "todo aquel que tomara la espada perecería por la espada" (Mateo 26:52). Después del arresto de Jesús, los apóstoles fueron a esconderse.
Crucifixión, de Diego Velázquez (siglo XVII).
Crucifixión, de Diego Velázquez (siglo XVII).
Durante el Juicio de Jesús por el Sanedrín, los sumos sacerdotes y ancianos le preguntaron a Jesús "¿eres tú el Hijo de Dios?" y él replicó "tú lo has dicho", por lo que condenaron a Jesús por blasfemia (Lucas 22:70-71). Los sumos sacerdotes le llevaron ante el procurador romano Poncio Pilatos, basándose en una acusación de sedición por decir que era Rey de los Judíos.[4] Cuando Jesús estuvo ante Pilatos, éste le preguntó "¿eres tú el rey de los judíos?", a lo que Jesús contestó "tú lo has dicho". Según los Evangelios, Pilatos sintió personalmente que Jesús no era culpable de ningún crimen contra los romanos, y ya que había una costumbre en Pascua por la que el gobernador podía liberar a un prisionero (costumbre no registrada fuera de los Evangelios), ofreció a la multitud elegir entre Jesús de Nazaret y un insurrecto llamado Barrabás. La multitud eligió liberar a Barrabás y crucificar a Jesús. Pilatos se lavó las manos para indicar que él era inocente de la injusticia de aquella decisión (Mateo 27:11-26).

Según los cuatro Evangelios, Jesús murió antes de la tarde en el Calvario, al que también se le llamaba Gólgota. José de Arimatea, un judío rico miembro del Sanedrín según Marcos y Lucas, recibió el permiso de Pilatos para tomar posesión del cuerpo de Jesús, situándolo en una tumba.[5] Según Juan, José fue ayudado por Nicodemo, que se le unió para enterrar a Jesús y que aparece en otras partes del Evangelio de Juan (Juan 19:38-42). Los tres Evangelios sinópticos hablan de un oscurecimiento del cielo desde las doce hasta las tres de la tarde, y Mateo también menciona un terremoto (Mateo 27:51).

Relacionado con: prendimiento de Jesús, últimos días de Cristo, última cena de Jesucristo.

Notas

  1. La multitud estaba citando salmos, como se cuenta en Juan 12:13-16.
  2. Juan sitúa la limpieza del templo al comienzo de la predicación de Jesús.
  3. El apostól es identificado como Simón Pedro en Juan 18:10; la sanación de la oreja está en Lucas 22:51.
  4. Mateo 27:11, Marcos 15:12.
  5. Marcos 15:42–46, Lucas 23:50–56).

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